Imprimir

Columna de Jorge Villazón en diario Punto Uno.

La encuesta se parece mucho al perfil geográfico de nuestro país. La encuesta es el perfil de nuestro país. Hugo Haime, encuestador predilecto de Sergio Massa, logró el mayor impacto político desde diciembre de 2015 y lo hizo, quizá no casualmente, en medio de la negociaciones de la “letra chica” en el acuerdo con el FMI.

Las alarmas sonaron por todo el universo político y mediático, el oficialismo se puso a tiro de perder toda posibilidad de reelección y hasta se llegó a hablar de la necesidad de que Mauricio Macrí se baje de esa expectativa respecto del 2019. Jorge Lanata publica un ficticio diálogo entre él y el llamado “Sr. Mercado” en estos términos: “(Lanata) --- ¿Ud. cree que el Presidente tiene que bajarse de la reelección?; (Sr. Mercado) --- Tendría que estar dispuesto a hacer antes lo que no hizo hasta ahora; (Lanata) --- No va a hacerlo. No va a bajarse, durante el fin de semana fuentes muy cercanas del Presidente me dijeron que no cambiará de idea, ¿Vio la encuesta de Haime?; (Sr. Mercado) --- ¿Cuál? ¿La que suma la intención de voto de Macri y la de Vidal por separado?; (Lanata) ---El señor Mercado tiene un cáustico sentido del humor”. La encuesta, tal como señala el “Sr. Mercado”, separa las intenciones de voto para María Eugenia Vidal de las de Macri, pero de inmediato las junta bajo el sello de Cambiemos, aunque resalta que Vidal mide mejor que Macri. En la misma encuesta Haime diversifica todas las propuestas del peronismo en sus múltiples facetas dirigenciales, pero no las junta en ninguna suposición de primera vuelta, aunque si lo hace en un escenario de balotaje contra la fórmula Macri-Vidal y, en todas las opciones el oficialismo pierde. También, con esto, queda claro que Cristina Kirchner sigue siendo, por lejos, la que individualmente recoge la mayor cantidad de votos comparados con propios y extraños, y que algunos pretendientes al más alto cargo en el Ejecutivo Nacional no tienen, al menos de piso como todos, ni para empezar a soñar. Aunque siguen soñando mientras el andamiaje político del oficialismo, de propios y ajenos, cruje como consecuencia del humor social y la desesperanza de casi todos aparece ante las perspectivas del modelo económico neoliberal y las exigencias del FMI.


El Fondo empuja “la reducción del salario real de los trabajadores públicos y privados, fijando un techo nominal para los incrementos del 8 por ciento hasta junio de 2019”.

Además los activos del Fondo de Garantías de Sustentabilidad (FGS) de la Anses serán utilizados para cubrir gastos del sistema de la seguridad social. El reporte interno elaborado por el FMI confirmó la decisión del gobierno de utilizar esos recursos para hacer frente a las jubilaciones y juicios. Los técnicos del organismo multilateral sostienen que Argentina propuso “vender tierras y amortizar los activos del fondo de pensión que tiene el gobierno para financiar el pago de los reclamos judiciales”. La decisión forma parte del paquete de ajuste y reformas propuesto por el gobierno argentino para acceder al préstamo del Fondo. La propuesta realizada por el Ministerio de Hacienda no solo implica desarticular el fondo contracíclico de la seguridad social sino que amputa una poderosa herramienta de intervención del sector público en la economía. El derrumbe del “modelo” da cuenta de un escenario donde el oficialismo se queda con muy pocas herramientas para hacer política en el año y medio que le queda en la Casa Rosada y también pone a los gobernadores contra la pared. Estas escandalosas medidas en contra de los que menos tienen acabará juntando a la oposición real y verdadera, dejando a los “amigos” del gobierno sin tierras dado que no serán “de aquí ni de allá” y, entonces, la encuesta final la dibujará la voluntad del Pueblo y, la que ahora se perfila en la imagen recostada de nuestro País, será mutada hacia la intención de volverlo a poner de pie. Esta semana llega la directora del FMI, Christine Lagarde, con la decisión de tomar el mando de la economía argentina, a ella hay que aclararle, definitivamente, que “no rompan más las bolas, Cristina hay una sola”. Amén.