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Columna de Jorge Villazón en diario Punto Uno.

Saber que la Casa de Gobierno de la Nación, otrora y siempre el albergue máximo de las decisiones políticas transcendentes, se convierta en una “cueva” donde ceos y especuladores resuelven sobre el bienestar general por medio de las reglas de la especulación y la usura, es todo un flash para cualquiera que siga creyendo en la institucionalidad al servicio de los que menos tienen y para garantizar la equidad que, tal como le escribió Francisco a Mauricio Macri, se sustente en la justicia social.

Pero saber que los supuestos líderes de la UCR fueron los negociadores que llegaron con “la cal que blanquea los sepulcros”, es como demasiado para no escandalizarse.

Cuando supimos del “acuerdo” logrado ante las empresas de energía, representadas por el Presidente y su Gabinete, para que no se concediera ninguna rebaja y sólo se ofreciera un pago en cuotas con intereses, cayeron nuestras dudas y La Rosada se nos hizo La Rosadita.

Hay imágenes literarias cuyo sentido muchas veces se aparta del que tenían en la obra original. Así, “luchar contra los molinos de viento” se ha convertido en símbolo del idealismo intrépido, cuando en Don Quijote eso ilustra los desvaríos de un chiflado que se cree todo lo que dicen los libros. Pasa algo parecido con El mercader de Venecia, en que la imagen de la deuda que “debe ser pagada con una libra de la propia carne” es tan poderosa que ha pasado al lenguaje y al sentido común, y cada vez que un trato o contrato imponen condiciones excesivas e injustas recurrimos a ella.

La connotación antisemita del personaje usurero que plantea William Shakespeare nos aparta del ejemplo, razón por la cual buscaremos otro. En el pueblo bonaerense en donde pasé mi adolescencia y juventud, había un conocido usurero, de apellido italiano derivado de los que trabajan con las harinas, que se jactaba de lo siguiente.

Doña María habíase encontrado con cierta cantidad de platita por el cobro de una hijuela sucesoria de una pequeña chacra y se la había entregado al usurero para que “se la trabaje”. Era poco el margen de beneficio pero ella entendía que su inversión estaba segura.

Pasado un tiempo y ante el casamiento de una sobrina, María solicitó que se le entregara la plata para hacerse cargo de algunos gastos de la boda. El usurero le advirtió que de esa manera ella gastaría su capital, por lo que terminó ofreciéndole un préstamo con un interés razonable y devolución en cuotas.

Esto es lo que ofrecieron las empresas gasíferas, a través del Gobierno Nacional y por medio de los voceros de la UCR. Nuestro gas, nuestro dinero que ya se le pagó con los subsidios, las cuotas como en 1989 durante el menemismo, un interés “razonable” y unos buenos consejos de cómo gastar menos durante el crudo invierno para no “volver a la fiesta”. Del bienestar general garantizado en el Preámbulo de nuestra Constitución, el mismo que recitaba Raúl Alfonsín en su campaña, nadie se acordó.

Doña María y todos nosotros debíamos agradecer la oferta y seguramente, como ocurría en mi pueblo cuando el usurero contaba su anécdota, la risa de los que la escuchaban sería la prueba de nuestra inocencia, o idiotez, u opería. La “fiesta”, a la que nos referíamos, también fue parte de la justificación ensayada en el Senado de la Nación por Juan Carlos Romero, quién la citó aclarando que “no siempre se puede gobernar o legislar en favor de los pobres”, no es otra cosa que el derecho inalienable de todo habitante de nuestro País a poder, en los meses más fríos del año, calentar su humilde vivienda con un sistema seguro, entibiar el agua con la que puedan asearse y usar un artefacto mínimo alimentado a gas para cocinar.

Recordemos que, cuando Romero era Gobernador, llevaba conexiones de gas a los barrios y hablaba de los derechos a los servicios básicos cuando inauguraba la antorcha simbólica en una esquina. En aquel momento era negocio, no para la gente sino para los que negociaban con esos derechos.

“Promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”, prometía Alfonsín, hoy los radicales se suman al macrismo para inaugurar una estatua de Don Raúl con la cabeza gacha. ¡Otra garcha!

Link de la columna de Jorge Villazón en diario Punto Uno:

http://www.diariopuntouno.com.ar/dp1_a/index.php/opinion/jorge-villazon/item/28371-la-rosada-se-convirti%C3%B3-en-la-rosadita